Cada año los fanáticos del cine
disfrutan de una fiesta consagrada al séptimo arte: la entrega de los
galardones de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas, más
conocida como premio OSCAR.
Desde 1928 la Academia elige lo
que considera lo mejor de la industria en las más diversas categorías:
dirección, actuación, cinematografía, edición, etc.
Con una audiencia televisiva de
millones de personas a nivel mundial, la entrega de los OSCAR es uno de los
eventos mediáticos más atractivos del año.
Ahora bien, ¿qué hace tan
seductora esta ceremonia? Para algunos es el glamour de las estrellas
desfilando elegantemente vestidas por la alfombra roja; para otros el atractivo
de ver reunidos a los actores y directores de moda.
El OSCAR es más que eso. Podría
decirse que este premio es un carnaval de casi cuatro meses de duración que
encuentra su miércoles de ceniza el día que se conocen los ganadores.
Desde noviembre hasta los
primeros días de enero los cines reciben en sus salas lo mejor de la producción
cinematográfica de los grandes y pequeños estudios, convirtiendo ese lapso de
tiempo en el más grande festival filmográfico.
Esta breve temporada es lo que
hace único al OSCAR, no los ganadores o la premiación en sí. Esta jamás deja
contenta a todos los cinéfilos. En cambio la temporada de estreno la disfrutan
todos los amantes del cine. ¿Por qué? La razón es simple los estudios sacan sus
mejores cartas y es posible disfrutar de los films más excepcionales y las
actuaciones más notables del año. Es un período rico en los más diversos
aspectos del arte cinematográfico.
Durante estos meses habrá
excelentes películas, impecables en todos los componentes propios del film.
También habrá otras que destacarán sólo por su historia, sus actuaciones, su
fotografía. Es una época en la que, prácticamente, ningún film dejará
indiferente.
Esto no significa que los demás
meses sean muertos en lo que a calidad se refiere. El 2008 The Dark Knight probó
que la temporada de verano también aporta lo suyo en términos de excelencia.
Ahora bien, al observar la lista
de las nominadas desde los primeros años del premio hasta nuestros días salta a
la vista que la mayoría de las producciones no sólo se destacaron por un
elemento u otro, sino que dejaron huellas indelebles en el imaginario cultural
del siglo XX.
En 1939 mientras la comedia de
Frank Capra, You
Can't Take It with You, se alzó con la estatuilla a la mejor
película, la rebeldía sexual de Bette Davis en Jezebel, expresada en
el mítico vestido rojo, remeció los cimientos de una sociedad conservadora.
The
Apartment, a cargo del inigualable Billy Wilder, ganó el premio en 1960.
Sin embargo ¿hay algún fanático del western que pueda olvidar The Alamo dirigida
por el inmortal John Wayne?. Definitivamente no.
Conduciendo
a Miss Daisy se llevó los honores en 1989, mas, entre las nominadas hubo
una historia que dejó a una generación completa embelesada con el sueño del
Carpe Diem. La
Sociedad de los Poetas Muertos se transformó en un ícono
de los años noventa y Robin Williams en el eterno capitán de rebeldes y
soñadores.
Es fácil seguir dando ejemplos,
la lista es tan larga como las premiaciones en sí, pero lo importante quedó
demostrado.
No hay mejor época para disfrutar
del cine que la temporada del OSCAR y eso es lo que hace a este “chico” tan
especial. Gracias a él y a la gloria merecida o no merecida que da a sus
ganadores, el espectador puede sentarse en la tibieza inigualable de una sala
de cine y disfrutar de varios films que permanecerán bajo su piel por
toda la vida.
Gracias OSCAR.
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