sábado, 18 de febrero de 2012

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE OSCAR



Cada año los fanáticos del cine disfrutan de una fiesta consagrada al séptimo arte: la entrega de los galardones de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas, más conocida como premio OSCAR.

Desde 1928 la Academia elige lo que considera lo mejor de la industria en las más diversas categorías: dirección, actuación, cinematografía, edición, etc.

Con una audiencia televisiva de millones de personas a nivel mundial, la entrega de los OSCAR es uno de los eventos mediáticos más atractivos del año.

Ahora bien, ¿qué hace tan seductora esta ceremonia? Para algunos es el glamour de las estrellas desfilando elegantemente vestidas por la alfombra roja; para otros el atractivo de ver reunidos a los actores y directores de moda.

El OSCAR es más que eso. Podría decirse que este premio es un carnaval de casi cuatro meses de duración que encuentra su miércoles de ceniza el día que se conocen los ganadores.

Desde noviembre hasta los primeros días de enero los cines reciben en sus salas lo mejor de la producción cinematográfica de los grandes y pequeños estudios, convirtiendo ese lapso de tiempo en el más grande festival filmográfico.

Esta breve temporada es lo que hace único al OSCAR, no los ganadores o la premiación en sí. Esta jamás deja contenta a todos los cinéfilos. En cambio la temporada de estreno la disfrutan todos los amantes del cine. ¿Por qué? La razón es simple los estudios sacan sus mejores cartas y es posible disfrutar de los films más excepcionales y las actuaciones más notables del año. Es un período rico en los más diversos aspectos del arte cinematográfico.

Durante estos meses habrá excelentes películas, impecables en todos los componentes propios del film. También habrá otras que destacarán sólo por su historia, sus actuaciones, su fotografía. Es una época en la que, prácticamente, ningún film dejará indiferente.

Esto no significa que los demás meses sean muertos en lo que a calidad se refiere. El 2008 The Dark Knight probó que la temporada de verano también aporta lo suyo en términos de excelencia.

Ahora bien, al observar la lista de las nominadas desde los primeros años del premio hasta nuestros días salta a la vista que la mayoría de las producciones no sólo se destacaron por un elemento u otro, sino que dejaron huellas indelebles en el imaginario cultural del siglo XX.

En 1939 mientras la comedia de Frank Capra, You Can't Take It with You, se alzó con la estatuilla a la mejor película, la rebeldía sexual de Bette Davis en Jezebel, expresada en el mítico vestido rojo, remeció los cimientos de una sociedad conservadora.

The Apartment, a cargo del inigualable Billy Wilder, ganó el premio en 1960. Sin embargo ¿hay algún fanático del western que pueda olvidar The Alamo dirigida por el inmortal John Wayne?. Definitivamente no.

Conduciendo a Miss Daisy se llevó los honores en 1989, mas, entre las nominadas hubo una historia que dejó a una generación completa embelesada con el sueño del Carpe Diem. La Sociedad de los Poetas Muertos se transformó en un ícono de los años noventa y Robin Williams en el eterno capitán de rebeldes y soñadores.

Es fácil seguir dando ejemplos, la lista es tan larga como las premiaciones en sí, pero lo importante quedó demostrado.

No hay mejor época para disfrutar del cine que la temporada del OSCAR y eso es lo que hace a este “chico” tan especial. Gracias a él y a la gloria merecida o no merecida que da a sus ganadores, el espectador puede sentarse en la tibieza inigualable de una sala de cine  y disfrutar de varios films que permanecerán bajo su piel por toda la vida.

Gracias OSCAR.